La regularidad no es apariencia

coherencia y consistencia

Muchas veces asociamos la regularidad del tejido a algo puramente visual, a que todos los puntos se vean iguales, a que la superficie sea uniforme, a que no haya nada que interrumpa esa sensación de orden. Como si la regularidad fuera simplemente una cuestión de apariencia.

Pero en realidad no es solo eso.

La regularidad no se consigue mirando, se construye tejiendo. No depende de cómo se ve el tejido, sino de cómo está hecho. Tiene que ver con que cada punto esté construido de la misma manera, con que la tensión se distribuya de forma estable, con que el recorrido del hilo sea coherente y con que la forma en la que la aguja entra y sale del punto no cambie.

Es, en el fondo, una cuestión de consistencia.

Por eso, un tejido puede parecer perfectamente uniforme y, sin embargo, no ser regular. Puede haber tensión forzada, pequeños ajustes inconscientes para que todo “encaje” visualmente, compensaciones que hacen que el resultado se vea homogéneo pero que no responden a una construcción estable.

Y también puede ocurrir lo contrario. Un tejido que no es completamente homogéneo a primera vista puede estar bien construido, porque cada punto responde a la misma lógica, a la misma tensión, a la misma forma de trabajar. Y ahí sí hay regularidad.

Por eso no es algo que se pueda corregir desde fuera.

No es un efecto que se añade al final ni algo que se arregla después. Muchas veces se piensa que el bloqueo va a solucionar lo que no funciona en el tejido, pero el bloqueo no corrige la estructura, solo la revela. Ordena, asienta, abre el punto, pero no cambia cómo ha sido construido.

La regularidad ocurre antes y ocurre también con la práctica. Es la repetición, las horas de tejido, lo que hace que esa mecánica se estabilice, que la lazada sea consistente y que el punto se construya siempre desde el mismo lugar. Es ahí donde realmente aparece esa regularidad, no como algo que se impone, sino como algo que se adquiere con el tiempo.

Por eso no es únicamente una cuestión de apariencia, sino una cuestión de coherencia y de consistencia, y al final, como en cualquier otra disciplina, la práctica es lo que marca la diferencia.

Cuando el tejido está construido desde ese lugar, la regularidad no se busca ni se fuerza, simplemente aparece porque ya forma parte de ti.



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