No solo porque cada persona teje de una manera distinta, sino porque precisamente ahí está una parte esencial del tejido: en que cada mano construye de forma diferente y, por lo tanto, cada resultado también es único.
Porque no se trata de que todas tejamos igual ni de llegar a un estándar común. A veces también es recomendable introducir pequeños ajustes en la forma de tejer, pero no para estandarizar ni para mimetizar una manera con otra, sino para que el tejido funcione mejor en tus manos: para que la tensión sea más estable, para que el punto fluya con más naturalidad, para que la herramienta se adapte a ti y no al revés.
En definitiva, para que te conozcas mejor mientras tejes, para que el trabajo sea más eficiente, para que te cunda más con menos esfuerzo, para reducir la fatiga y, sobre todo, para entender que cualquier pequeño cambio en la técnica tiene una consecuencia directa en el resultado.
Cada tejedora es única.