No solo porque puedas perder el hilo del patrón o no recordar exactamente en qué punto estabas, sino porque tú ya no estás en el mismo lugar. Tu forma de tejer cambia, tu tensión no es exactamente la misma, tu ritmo tampoco, y tu nivel de atención también varía, y todo eso se traduce directamente en el punto.
Por eso, cuando hay saltos grandes en el tiempo, el trabajo lo muestra.
Puede perder coherencia, puede haber diferencias en la construcción, incluso puede dar la sensación de que esa prenda no ha sido tejida del todo por la misma mano. Y no es algo exagerado, es una consecuencia natural de haber interrumpido el proceso.
Tejer también requiere una cierta continuidad en el tiempo para que el trabajo mantenga esa coherencia y esa consistencia de las que hemos hablado. No significa que tengas que hacerlo todo seguido ni sin pausas, pero sí que el proyecto tenga un recorrido más o menos sostenido, un espacio en el que pueda desarrollarse sin demasiadas interrupciones.