En ese sentido, leer el tejido empieza muchas veces ahí, pero no termina ahí. También implica observar la caída de la prenda, cómo responde al sostenerla en el aire o cómo cambia después del lavado. Se lee en la regularidad del punto, en la densidad y en la relación entre la fibra y la estructura.
No se trata de buscar fallos, sino de entender qué está ocurriendo y, sobre todo, de ver cómo estamos tejiendo. Esa información no solo sirve para corregir, sino también para mejorar la propia técnica.