Saber qué te está diciendo, qué puedes ajustar a partir de ahí, cómo puedes utilizar esa información para avanzar. Es ahí donde el error deja de ser una interrupción y pasa a ser una oportunidad: una oportunidad de aprendizaje, de crecimiento y, sobre todo, de autoconocimiento en la forma en la que tejes.
Y en realidad no es algo exclusivo del tejido.
Muchas veces en otros ámbitos de la vida entendemos el error de la misma manera, como algo que hay que evitar o corregir rápidamente, cuando en el fondo también es una forma de ver con más claridad dónde estamos, qué queremos ajustar, hacia dónde queremos ir. Es una experiencia que, aunque no siempre sea cómoda, nos da información que de otra manera no tendríamos.
En el tejido ocurre exactamente lo mismo.
El error no es un fallo que interrumpe, es una señal que te sitúa.
Y cuando empiezas a mirarlo desde ese lugar, deja de tener ese peso negativo y pasa a formar parte del propio proceso de aprendizaje.
Se convierte en una herramienta, en una forma de entender mejor lo que haces y, poco a poco, en una manera de construir con más conciencia.