El error como confirmación

lectura y aprendizaje

El error al tejer siempre se entiende como algo que hay que evitar, corregir o incluso deshacer, algo que interrumpe el proceso, que rompe la continuidad y que nos aleja del resultado que buscamos.

Sin embargo, si te paras a observarlo con un poco más de atención, ese error no deja de ser una forma de información, de conocimiento e incluso de oportunidad.

El tejido te habla.

Cada punto que no encaja, cada cambio de tensión, cada desviación en la estructura es una consecuencia directa de cómo estás tejiendo en ese momento.

A veces el error viene de algo muy concreto: una mala interpretación del patrón, un punto que no sabes hacer todavía, una secuencia que se ha desajustado y que más adelante deja de cuadrar. Pero otras veces no tiene que ver solo con lo técnico. Tiene que ver con la atención, con el ritmo, con el momento en el que estás.

Hay errores que aparecen simplemente porque no estás del todo presente, porque has perdido el foco o porque hay algo fuera del tejido que se está colando en cómo estás trabajando.

Y ahí el error lo hace evidente.

Te da información no solo sobre el tejido, sino sobre ti. Sobre cómo estás, sobre cómo estás tejiendo, sobre qué está pasando en ese momento. Es, en cierto modo, un punto de conexión entre lo que haces y cómo lo haces.

Por eso, más que intentar eliminar el error de manera inmediata, tiene mucho más sentido entenderlo.

Ver de dónde viene, qué lo ha provocado, qué relación tiene con la forma de tejer, con la tensión, con el material o incluso con el momento en el que estás trabajando.

Ahí es donde el error deja de ser un problema y pasa a convertirse en una confirmación.

Una confirmación de cómo estás tejiendo, de qué decisiones estás tomando, de qué está ocurriendo realmente en ese proceso. Es, en cierto modo, una lectura en tiempo real de todo lo que no siempre se ve a simple vista.

Cuando se entiende así, la relación con el error cambia.

Dejas de reaccionar de manera automática y empiezas a decidir con criterio, entendiendo qué impacto tiene cada cosa en el resultado y qué merece la pena modificar y qué no.

Porque el error no es algo que haya que evitar a toda costa. Forma parte del proceso y del recorrido.

Lo importante no es eliminarlo, sino saber leerlo.

Saber qué te está diciendo, qué puedes ajustar a partir de ahí, cómo puedes utilizar esa información para avanzar. Es ahí donde el error deja de ser una interrupción y pasa a ser una oportunidad: una oportunidad de aprendizaje, de crecimiento y, sobre todo, de autoconocimiento en la forma en la que tejes.

Y en realidad no es algo exclusivo del tejido.

Muchas veces en otros ámbitos de la vida entendemos el error de la misma manera, como algo que hay que evitar o corregir rápidamente, cuando en el fondo también es una forma de ver con más claridad dónde estamos, qué queremos ajustar, hacia dónde queremos ir. Es una experiencia que, aunque no siempre sea cómoda, nos da información que de otra manera no tendríamos.

En el tejido ocurre exactamente lo mismo.

El error no es un fallo que interrumpe, es una señal que te sitúa.

Y cuando empiezas a mirarlo desde ese lugar, deja de tener ese peso negativo y pasa a formar parte del propio proceso de aprendizaje.

Se convierte en una herramienta, en una forma de entender mejor lo que haces y, poco a poco, en una manera de construir con más conciencia.



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