Antes de empezar
Con el tiempo he visto —y vivido— que muchas de las frustraciones que aparecen al tejer no tienen que ver con el patrón ni con la técnica. Tienen que ver con lo que ocurre antes: con el hilo elegido, con las expectativas puestas en él, con el uso real que tendrá la prenda cuando esté terminada.
Elegir un hilo no es un gesto neutro. Condiciona cómo se teje, cómo se comporta la prenda, cómo envejece y, sobre todo, cómo se vive el proyecto mientras está en marcha.
Por eso, para mí, elegir bien no tiene que ver con acertar siempre, sino con reducir la incertidumbre y evitar dudas innecesarias. Con no añadir ruido donde debería haber calma.